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Mi peor experiencia profesional hasta la fecha. Estuve trabajando durante varios meses como precario… perdón, como “becario”. No puedo poner aquí mi nombre, pero sí puedo decir que durante esos meses fui profundamente infeliz. Cobraba 250 € NETOS al mes por una jornada completa (y bastante más que completa). Entraba a las 9:00 y la filosofía era básicamente que, si los proyectos no estaban terminados, no te ibas. En mi caso, lo habitual era salir a las 20:00–21:00, muchas veces con la oficina ya prácticamente vacía y quedándonos únicamente unos pocos compañeros. El ambiente que yo viví tampoco ayudaba: caras largas, compañeros de baja por ansiedad, gente quemada y una sensación general de desmotivación. Como “extras” de la oficina, poco puedo destacar más allá de una cafetera. El espacio me parecía antiguo, pobre y con poquísima luz natural, algo que hacía todavía más deprimente pasar allí tantas horas. Nunca me había sentido tan explotado laboralmente como durante aquella etapa. Por suerte, después pude conocer otros entornos profesionales y comprobar que trabajar en una agencia no tiene por qué significar vivir así. A día de hoy sigo recordándolo como la peor experiencia laboral de mi vida. Una experiencia que no le recomendaría absolutamente a nadie.
























